Manuel Michelini

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Manuel tiene apenas 20 años pero ya 5 vinos en su haber. Hijo de Gerardo y Andrea, ex banquero devenido en bodeguero él y enóloga ella, vivió siempre rodeado de vinos, porque además sus tíos (Matías y Juan Pablo) también son enólogos y muy reconocidos. Y no sólo es el Michelini más joven dedicado a la enología (está en segundo año de la licenciatura), sino que debe ser el enólogo más joven en actividad.

Joven y atrevido, preguntón incansable, escucha mucho pero no hace caso. Así se va forjando su personalidad vínica que empezó de la mano de su abuelo, quién a sus 10 años le convidaba vino a espalda de sus padres. Muchos de sus recuerdos de chico están vinculados al vino y a la bodega Zorzal, fundada por su padre. Mientras todos sus amigos jugaban a la pelota, en 2008 el jugaba en la bodega, ayudando a su tío Juan Pablo y a su madre (enólogos de Zorzal) a lavar barricas, acomodar utensillos, limpiar tanques, etc. Pero lo que más disfrutaba era recorrer la bodega y degustar los vinos con su tío.

Es muy joven para entender su visión vínica, pero ya se puede vislumbrar la dirección que tomó y que seguirá toda su vida. Porque si hay algo que tiene claro es que quiere ser un Michelini, pero no uno más, sino Manu Miche. Del padre heredó el valor espiritual que hay en todo o que haga, y más en la profesión que eligió. Pero también es mu consciente que se trata de un negocio y que debe ser sustentable para poder triunfar. De su madre, la mano para hacer vino. Y de sus tíos el atrevimiento vínico, esa confianza interna que lo convence de hacer el vino que le gusta y como a el le gusta, a pesar de sus 20 años.

Cuenta que hasta los 14 años todos los vinos le parecían iguales, y suena lógico, hasta que un día probó un vino diferente. Ese Cabernet Franc 2011, de elaboración complicada y casi experimental, con idas y vueltas, terminó siendo el Piantao 2011. Él ya sabía dentro suyo que ese sería su ámbito, que quería hacer vino, pero ese día se convenció de lo interesante que podía ser el mundo del vino.

Después del secundario se anotó en Agronomía, pero duró medio año porque no le gusta estudiar, es más, nunca le gustó estudiar. Y se anotó en Enología, y por ahora sigue en carrera, mucho más entusiasmado con la práctica que con la teoría.

Pero cómo a alguien tan joven, que bebe vino pero no todos porque no le gusta ni los alcohólicos ni los muy concentrados, se le ocurre hacer su propio vino. Fue de regreso de un viaje vitivinícola junto a Matías Michelini (su tío) a fines de 2014. “Quiero hacer un vino, que sea Cabernet Franc y que sea rosado”, le dijo convencido de la idea que ya venía macerando en su cabeza. Pero lo que suena tan original como propuesta, tiene una base muy lógica. A Manuel le gustan mucho más los blancos que los tintos, y de estos los más livianos, y un rosado es el punto intermedio entre sus dos vinos favoritos.

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